Si sueñas, actúa

    precipicio

    Cuando crees firmemente en algo, cuando estás convencid@, absolutamente convencid@ de aquello que defiendes y por lo que dejas de dormir… si no sabes cómo darle forma, lo buscas. Si no lo encuentras, lo inventas. Si no funciona, lo reformulas.  Pivotas tu propuesta. Insistes e insistes, hasta que te dejas la piel, tu vida incluso, en ello. Hasta que funciona o funciona.

    “Si eres una más, serás una menos” Me dijeron una vez.

    Hace 15 años no hubiera creído esta imagen:

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    Busqué mi diferencia, busqué mi elemento característico. En definitiva, mi esencia. Y así, buscando qué me diferenciaba, encontré lo que no había visto con nitidez. Es cierto, tienes que verte en el borde del abismo, resbalando por el precipicio de la aventura para abrir tu paracaídas.

    A ti, que tienes un sueño. A ti que tienes una ilusión. A ti te invito a impregnarte de la más pura esencia de la acción. Por mínima que sea, actúa. Pon todos los días una gota de agua, una gota de acción, y tu vaso al cabo de un tiempo, se llenará. Y la semilla de tu sueño, al cabo de un tiempo, brotará.

    ¿Fácil? Nadie dijo que fuera fácil, si lo fuera, el mundo estaría lleno de locos exitosos. ¿Sencillo? Tampoco. Nadie te dirá que es sencillo. ¿¡O sí!? ¿Quién sabe? Ilusos, ingenuos también hay. Qué gran verdad la de Emilio Duró: No hay nada más peligroso que un tonto motivado. Cierto.

    Pero el mundo … el mundo está lleno de cuerdos apagados. El mundo está lleno de sensatos infelices.

    El mundo necesita acción. Emoción. Energía. Ilusión. Felicidad. Autenticidad.  Desde el coraje y el conocimiento. Desde un hacer lo que sabes hacer y lo que haga falta hacer.

    He conocido y conozco cada día muchas personas, algun@s famos@s, otr@s héroes cotidian@s. Y tod@s, TOD@s, tenían en común un mismo detalle: la acción. Un día tuvieron un sueño, quizá te confiesen su miedo, sus temores. O no. Pero los tuvieron. Si les importó su sueño, te aseguro que tuvieron sus temores. Pero cuando la pasión es más fuerte que el temor, y aquí está la diferencia,  tienes el arma más poderosa que puedas desear: el compromiso con tu sueño.

    No suelo hablar de mi historia personal. No suelo contar mis aventuras (y desventuras, ¡que haberlas, haylas!). No suelo brindar públicamente mis éxitos. Ni tampoco llorar eso que algun@s llaman fracasos y otros asumimos como lecciones. No suelo hacerlo, cierto. ¿Por qué hoy sí un pequeño storytelling? Supongo, quizá, que cuando sientes el temor de los demás como tiempo atrás también tú lo sentiste, cuando recuerdas la fuerza, el coraje necesario para saltar al vacío, cuando ves a otros titubear… te “hierve” la sangre:

    “¿ Por qué no saltas ya? ¿A qué esperas? ¿Qué más te tiene que pasar para que des el paso?”

     

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