8 de marzo: techo de cristal y suelo pegajoso …

    Las dificultades que afronta la mujer en el mundo laboral siguen hoy casi tan vigentes como hace décadas.

    ¿Exactamente de qué dificultades hablamos?

    Algunas de ellas las habremos oído más en medios de comunicación, como la brecha de salarios entre géneros, el acoso en el trabajo o un igual acceso a las oportunidades profesionales. Sin duda y la dificultad estrella es el  impacto de la maternidad en la carrera profesional. Pero hay otros aspectos, en los que en este caso me centraré, que no son tan visibles pero tienen una repercusión directa en la vida profesional de mujer: el equilibrio de vida personal-profesional (conciliación) y el techo de cristal. Bajo mi punto de vista, todos ellos están entrelazados, si bien estos dos van de la mano cogidos quizá con un poco más de fuerza…

    Empezaremos por el primero, más conocido.

    Hoy en día la sociedad ha cambiado y el rol de la mujer en la misma también. Ahora bien, hombres y mujeres, la sociedad en su conjunto ¿hemos integrado estos cambios en su totalidad? Sin entrar en el análisis (que daría para un debate), lo cierto es que la incorporación de la mujer al mundo laboral ha generado la necesidad de replantear a la sociedad, (subrayo: sociedad), un cambio de roles, replantearse el patriarcado o practicar una corresponsabilidad real… Por no ser rotunda, diré que es posible que sea necesario un proceso de auto- conocimiento para que el cambio sea posible (real). En este proceso de re-conocimiento encontramos un concepto bastante nombrado en los últimos tiempos: corresponsabilidad. Su ejercicio pertenece al ámbito personal pero su repercusión es sin duda social. En la actualidad, no se puede aludir a la conciliación sin mencionar este concepto, dos términos íntimamente relacionados. La corresponsabilidad supone la asunción equitativa, por parte de hombres y mujeres, de las responsabilidades, derechos, deberes y oportunidades asociados al ámbito de lo doméstico, la familia y los cuidados. Estos dos conceptos se conforman como fenómeno multidimensional en el que la lista de los agentes que intervienen es numerosa: familias, personas trabajadoras, empleadores/as, sector público, agentes sociales, proveedores/as de servicios… es decir, la sociedad en su totalidad.

     

     

    ¿Qué gana la sociedad con la práctica real de la corresponsabilidad?

    Mejora el mantenimiento del sistema social del bienestar, porque se cuenta con las aportaciones de todas las personas, mujeres y hombres. Incrementa la eficiencia y productividad de las empresas y, por tanto, que estas sean mucho más competitivas y flexibles. Fomenta la consolidación de un modelo de convivencia en el que hay un reparto de responsabilidades familiares. En este sentido, potencia la igualdad real y efectiva de oportunidades entre mujeres y hombres en la medida en que contribuye a romper las barreras que han impedido a las mujeres y a los hombres compaginar y desarrollar su vida familiar y laboral en igualdad de condiciones.

    Han aparecido movimientos reivindicativos (Club de Malas Madres) de esta realidad, la realidad de una conciliación que por el momento no corresponde con la realidad.  Quizá porque para ello sea necesario un reset personal, de tod@s y cada un@ de nosotr@s que derive en un reset de lo establecido, de lo socialmente aceptado y arraigado … Pienso que es difícil instaurar cambios sociales que no vengan precedidos por cambios personales, creo (y esto no es más que una opinión personal) que en estos casos, en los casos en los que los cambios no se deben a una verdadera necesidad sus resultados tienen fecha de caducidad …

    ¿Entonces qué ?

    Entonces no queda más que cada una se responsabilice de su parcela individual. Y es aquí cuando, en el ejercicio de la responsabilidad personal, se hace visible el techo de cristal.

    El “techo de cristal” (Glass ceiling) es un término que apareció por primera vez en 1986 en un artículo publicado por el Wall Street Journal. Hace referencia a las barreras invisibles con las que se encuentran las mujeres a la hora de desarrollar sus carreras profesionales. Y no hace falta hablar de altas ejecutivas. No me refiero a las mujeres que desempeñan funciones tradicionalmente asignadas, atribuidas o reservadas al hombre. Tu carrera profesional es aquella que tú elijas. Y las dificultades estarán presentes hablemos del puesto que hablemos.

    Se utiliza la analogía de un techo de cristal porque teóricamente no deberían existir barreras ya que no hay leyes ni dispositivos sociales impuestos para limitar el desarrollo laboral de las mujeres. De este modo, aunque de hecho existen leyes que incluso apoyan la discriminación positiva de las mujeres, la realidad es otra. Las cifras demuestran que hay pocas mujeres en los vértices de las pirámides jerárquicas. A pesar de ello, es obvio que en las últimas décadas en Europa se ha experimentado un avance considerable en la incorporación de la mujer al mundo laboral y un incremento importante en los puestos de responsabilidad por parte de las mujeres.

    El término “techo de cristal” está muy vinculado al de “suelo pegajoso“, que hace referencia a las circunstancias que mantienen a muchas mujeres atrapadas en la base de la pirámide económica. Los roles tradicionalmente asignados a la mujer favorecen que resulte difícil no sólo que las mujeres desempeñen puestos de responsabilidad, incluso, que puedan integrarse en el mercado laboral. Las responsabilidades y cargas familiares han mantenido a la mujer alejada de las oportunidades para formarse e integrarse en el ámbito laboral.

    La doble jornada y las dificultades para la conciliación de la vida laboral y personal (derivadas de una falta de práctica de corresponsabilidad) se hacen mucho más patentes en el caso del sexo femenino, por lo que mientras existan estas diferencias, se estará poniendo de manifiesto el “techo de cristal” y el “suelo pegajoso”.

     

    ¿Qué puedes hacer tú?

    Bajo mi humilde opinión y en base a mi propia experiencia y a las experiencias de muchas mujeres con las que sobre este tema he hablado, el primer paso es trabajar sobre nuestras propias limitaciones, esas limitaciones auto-impuestas y auto-asumidas.

    Es cierto que hay cosas que socialmente no podemos cambiar de forma individual, pero también es cierto que si todas, todas y cada una de nosotras tomamos conciencia de nuestro propio techo de cristal podremos tomar distancia de nuestro particular suelo pegajosoy si sumamos muchas tomas de conciencia individuales no cabe sino un cambio social.

    Especial mención a Silvia Adriasola, para mí es un referente en el desarrollo de la mujer, empoderamiento y liderazgo, además de tener la satisfacción de que haya sido mi maestra en mis inicios del ejercicio profesional del coaching.

    Este año he querido contribuir a este día con esta reflexión a la que se suman los mensajes de algunas valientes mujeres que conozco. Mujeres que como tú y como yo tienen dificultades para alcanzar sus sueños profesionales. Mujeres que superan los obstáculos que la educación y la sociedad nos imponen. Obstáculos que incluso nosotras mismas decidimos imponernos.

    A ellas y otras muchas que no han podido por diversos motivos compartir en primera persona su mensaje, gracias.

    Gracias por vuestra colaboración. Por expresar determinación, valentía y decisión de cambio. Por compartir con nosotras mucho más que unas palabras. Porque esos segundos encierran mucho más …

    Aunque son Inma Lara, Olga Lomas y Conchi Rodriguez las protagonistas que ponen punto final a mi reflexión, son muchas las heroínas anónimas que cada día en mi vida me enseñan, comparten y sazonan mi evolución.

    A todas ellas,a todas vosotras, gracias.