Decálogo para niñ@s obedientes

    “Mi hij@ no me hace caso, es muy desobediente. Es pequeñ@ pero … es que desobedece mucho”

    “L@ castigo y nada, sigue en sus trece, erre que erre.”

    Frases como estas me presentan algunas familias con las que trabajo la mejora de la comunicación. Si de algún modo te resuenan estas frases, te invito a seguir leyendo.

    El enfoque que propongo es trabajar desde una comunicación eficaz y efectiva, desde el conocimiento de unos valores proyectados en los comportamientos diarios. ¿Cómo traducimos esto a la vida diaria?

    En primer lugar tenemos que tener claro, ambos progenitores, dónde están los límites. Qué conductas son y hasta dónde permitidas. Si tenemos claro los valores que rigen nuestro barco familiar, será mucho más sencillo definir tanto esas conductas permitidas (o no) como esos límites. 

    Claro este punto, de vital importancia, nos quedan … ¡muchas cosas! pero hoy sólo vamos a hablar de la obediencia. No del tiempo que pasamos con ell@s (que influye), no de la calidad del mismo (que influye), no del ritmo de vida que llevan nuestr@s pequeñ@s (que influye) sino sólo y únicamente de la obediencia. ¡¡Difícil separar el resto de ingredientes que componen la tarta!! Pero vamos a ello.

     

     

    En primer lugar, los niños no se transforman en obedientes de la noche a la mañana. Cada niñ@ tiene su propia personalidad, ese entorno que acentúa o minimiza aspectos de la misma, el tipo de estructura familiar … en definitiva, que cada niñ@, como cada adulto, es diferente y es necesario que tengamos claro que aún siendo herman@s jamás debemos de comparar la obediencia de unos respecto a otros. Los límites juegan un papel importante en cuanto a la obediencia. Vivimos en un mundo regido por normas y deben de aprender a vivir con normas: les resultará más fácil respetar a los demás, aceptar las diferencias, serán más responsables … 

     

    Los niñ@s no son robots, y necesitan su tiempo ¿Cuánto? Depende de cada niñ@, cada familia y cada situación. NO podemos determinar este tiempo, pero sí poner propuestas sobre la mesa para que sea más rápido este tiempo de espera. Siempre contando con su entorno. 

    Tu hij@ no guarda las pinturas pese a que le has repetido tantas veces que te duele la lengua que las recoja: 

    Si a la segunda no las recoge, no le digas más, ve con el/ella y junt@s lo recogéis (de tu habilidad depende que tu peque recoja más que tú … puedes jugar a ver quién gana, guardar por colores, por tamaños ..¡rienda suelta a la imaginación!)

    Tu voz debe ser serena pero firme, debe entender que no estás jugando aunque lo parezca, debe entender que tú lo acompañas pero que su obligación es obedecerte.

     

     

    Lanza los mensajes en positivo, por ejemplo:

    Si recoges las pinturas para dormir te cuento la historia que tú quieras

    En lugar de 

    Como no recojas las pinturas te voy a castigar sin cuento

    RECUERDA, los castigos / consecuencias deben ser coherentes. No te pases llevad@ por la situación y lances una amenaza que no puedas cumplir (¡¡ Un mes sin tele!!)

    Facilítale la tarea: puedes proponerle que primero recoja los coches, luego las pinturas y después cuelgue su chaqueta.

    Deja claro qué esperas que haga. No le digas “Sé buen@” sin más porque muchas veces ell@s no llegan a comprender qué significa (para ti) ser buen@. Dile lo que quieres que haga, por ejemplo, pedir las cosas por favor y sin gritar.

    Nunca critiques a tu hij@, critica su acción. En lugar de “Eres mal@” puedes decirle “Está mal pegar”

    Evita las amenazas y refuerza los logros. Las amenazas acaban por no cumplirse, mientras que las recompensas suelen ser habitualmente cumplidas, por tanto, si quieres que te tome en serio, cumple tus contadas amenazas y tus frecuentes recompensas por sus logros (que ojo, no deben ser materiales)

    Cuenta atrás para darle tiempo a ejecutar la acción, por ejemplo “Tienes hasta que cuente tres para recoger/lavarte los dientes/quitarte los zapatos…”

    Sé paciente. El mundo es un universo por explorar para ell@s, están constantemente descubriendo cosas, por tanto en función de cual sea la desobediencia… se comprensiv@ y paciente.

    Miraros a los ojos. Es muy importante en la comunicación mirarse a los ojos, prueba y verás como cambia.

     

    ¿Y si aún así no me hace caso?

    Si pese a todo lo anterior sigue sin hacerte caso, los experto recomiendan que lo dejes “pensando” un minuto por año, entendiendo que su entorno es seguro. ¿Para qué? No se trata que en ese tiempo lo aisles o que no le hables, se trata de que entienda que su conducta no es aceptada y sus padres están molestos por ello. Es por ese motivo que “te dejo unos minutos para que pienses que has hecho”

    Después del tiempo de espera, puedes hablar con tu hij@, seren@s ambos y con autoridad, firmeza y seguridad en tu labor como educador/a. Recuerda que no le haces ningún favor si crece sin límites y sin conocer el respeto a sus adultos y referentes, especialmente su familia.

    (Fuente: publicaciones de Susana de Cruylles, psicóloga clínica del Hospital Princesa de Asturias  y Educando en una Parentalidad Positiva, Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad)

     

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